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Cierro mi #OctubreRojo con la tercera entrega. Una invitada de lujo, que te cuenta cómo vive ella eso de retomar el sexo y su sexualidad durante y después de un cáncer de mama, a los 34 años. Hoy te presento a A.:

 

A: Cuando a una mujer se le diagnostica un cáncer del tipo que sea, en mi caso de mama, a veces se nos pasa por la cabeza si alguien en un futuro se fijará o no en nosotras….pues yo tengo la respuesta.

Me diagnósticaron cáncer de mama con 34 años, por aquel entonces tenía una pareja estable, o eso creía yo, porque aunque las cosas últimamente no iban bien, no imaginé que en el peor momento de mi vida no estuviera a la altura ni me apoyara.

Todo tenía que ir a su ritmo, sin darse cuenta que mi enfermedad era la que mandaba en ese momento. Llegó a decirme que él tenia que hacer su vida y adaptarse, pero no se daba cuenta que la que tenía que intentar llevar una vida normal era yo, la suya ya lo era.
Así que después de algún desplante y verme sola en alguna importante ocasión, como las consultas de ginecología para la preservación ovárica o mi primer ciclo de quimioterapia, en el que tenía cosas más importantes que hacer, decidí acabar con esa relación (por llamarle de alguna manera) y seguir mi camino centrando en lo realmente importante, sobrevivir.

Durante el tratamiento solo te centras en tí misma, y en estar lo mejor posible. Pero a medida que terminas con el tratamiento y empiezas a estar bien, piensas si en algún momento volverás a sentirte interesante y guapa para el género opuesto.

Comienza a salir el pelo, te empiezas a sentir de nuevo una mujer normal.

En mi caso sucedió que cuando ya el pelo cubría mi craneo, le resulté interesante a alguien del sexo opuesto, algo que me tenía totalmente alucinada. Y pensaba “¿seguro que se está fijando en mí?”. Pues sí.

Esta persona sabia todo de mi enfermedad y aún así le parecía un mujer sexy e interesante. Y eso te sube el ego y las endorfinas de una manera espectacular.
Después de unas cuantas conversaciones tuvimos una pequeña aventura.

Y aquí entraré en un tema que también puede interesar a muchas féminas, las relaciones íntimas.

Al principio estaba un poco nerviosa. No sabía como iba a reaccionar mi cuerpo, porque entre otras cosas mis hormonas seguían desaparecidas, y los efectos secundarios de la quimio estaban ahí, como la sequedad de las mucosas, y la rigided muscular. Pero me dejé llevar por el momento y todo fue sobre ruedas.

Al principio cuesta un poco que se adapte la musculatura, pero al final, como es un músculo…no hay ningún problema. Comienzan los acercamientos, suaves caricias, esos besos tiernos que hacen que tu mente desconecte de todo lo que está pasando a tu alrededor, desaparecen los nervios y tu cuerpo se deja llevar desapareciendo esa sequedad que el tratamiento ha provocado…
Al principio cuesta un poco que se adapte la musculatura, pero al final, como es un músculo…todo fluye.

Esta pequeña aventurilla, no duró mucho tiempo. Pero supongo que era una persona de transición entre mi año catastrofico y mi vuelta al mundo real.

Al tiempo conocí a otra persona, con la que surgió algo mágico e intenso. Hubo mucha atracción entre ambos. También sabia de mi enfermedad y aún así le gustaba! Incluso nos enamoramos de una manera extraña. Bueno, creo que en eso consiste el amor, que no sabes exactamente por qué sucede.

Había muchos sentimientos, y las relaciones íntimas fluian con normalidad. Ni siquiera recuerdas que estás enferma.

Pero esta relación no pudo ir mucho más lejos por algún problema personal ajeno a nosotros. Y las rupturas duelen igual, con o sin cáncer.

Me costó bastante superarlo, pero creo que fue una explosión de ruptura sentimental y acúmulo de sensaciones de todo el año de tratamiento. Así que tuve que depurarlo todo del tirón.

A día de hoy, he conocido a otra persona. Alguien que no sabía nada de mi enfermedad, y aún así le parecía guapa e interesante!! Puede parecer una bobada, pero para mí y supogo que para otras muchas es algo que nos alucina.

Después de nuestra primera cita, alguien metió la pata y tuve que contarle mi proceso, y cómo me encontraba ahora mismo.
No se lo conté antes porque era alguien ajeno a todo lo que había sucedido, y no se interesaba por mí por pena, realmente le gustaba yo, con mis pelos cortos y alborotados, y llena de cicatrices.

No sé donde me llevará esta nueva aventura, pero ahora sí que tengo claro que poco a poco he recuperado mi vida y todo quedará como un mal recuerdo.

Puede que alguna piense que soy un poco “fresca” con todas mis aventurillas sentimentales, pero me da igual! Quiero disfrutar de todo lo que me ocurra.
La vida son dos días y tengo que recuperar todos esos momentos que me he perdido por culpa de un horrible tratamiento.

 

Anónima.
Afectada de cáncer.

¡Recupera la sonrisa!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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