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Estoy más triste, las cosas que me gustaban ya no me llenan, prefiero estar sola, no paro de pensar, duermo mal, como mal, estoy molida… ¿me estaré deprimiendo?

 

La tristeza adaptativa

 

La tristeza, es una de las consecuencias más frecuente ante las frustraciones y el dolor emocional. Uno de los más fieles acompañantes del miedo y la ansiedad que si se intensifica más de la cuenta de convierte en depresión.

Sentirse triste durante el proceso oncológico es normal (hasta un punto ¡ eh! que te veo venir). Como te he contado en otras entradas de mi blog, es una emoción que sirve para que te desconectes de tu entorno y reflexiones para buscar soluciones y resolver algo que no te gusta. Nos permite adaptarnos a nuestro entorno.

Le suele seguir la ira. Un emoción que bien traída puede ser muy útil. No, no me he vuelto loca, me explico. La ira en su justa medida, y no una rabia descontrolada o dirigida a alguien, es un impulsor para generar cambios. No dota de toda la caña que necesitamos para provocar un cambio.

Primero, encuentro una solución y después la ejecuto: primero usamos la tristeza y luego la ira. Obviamente, ambas en la intensidad adecuada.

Engancharse en alguno de estos dos puntos va a ser un problema de los gordos que te puede hacer cuesta arriba todo lo que estás afrontando ya.

 

De la tristeza a la depresión, ¿cómo identificarla?

 

Cuando además de estar más reflexiva, te das cuenta que estás más irritable, todo te molesta más de lo habitual, te cuesta concentrarte, observas cambios de apetito y en tu patrón de sueño, estás bloqueada, te cuesta llorar o lo haces en exceso, estás más inquieta, te machacas más, te fatigas más fácilmente, te cuesta más hacer las tareas habituales, a penas te faltan un par de síntomas para bingo.

Ahora es cuando viene el listo de turno y salta diciendo que muchos de estos síntomas son consecuencia directa de los tratamientos y no del estado emocional de la persona. Si y no chaval. Una parte en el caso de los pacientes con cáncer, tiene que ver evidentemente con las secuelas, pero hay otra parte, y ésta es la que vemos los Psicooncos, que nada tiene que ver. Las limitaciones físicas van a ser una fuente de malestar emocional que influye de forma directa sobre el estado de ánimo, así que están relacionadas, se suman.

 

Cuándo aparece

 

En cualquier momento del proceso: antes, durante y después. Y afectará tanto a la persona que padece la enfermedad como a todo su entorno.

 

Factores que te pueden predisponer a desarrollar una depresión

 

Aunque todos somos vulnerables, existen una serie de circunstancias que diversos estudios han demostrado que nos predisponen (hace más fácil) que podamos caer en una depresión.

Son factores que por que estén presentes no necesariamente significan que vayas a desarrollar este trastorno psicológico, pero sí que podrías tener más papeletas. Aun así, no olvides que también hay factores de protección que la contrarrestan, luego te los cuento.

Cuando una persona desarrolla una depresión distorsiona el mecanismo que te explicaba antes. Se queda “enganchado” en la tristeza, reflexionando y recordando mil situaciones negativas, pero sin encontrar la tan ansiada solución. Lo que genera una proceso de frustración que le hunde aun más.

Esto son los factores que debes observar para que no te hagan caer ante la depresión:

Género

+ en mujeres

Edad

+ en jóvenes

Antecedentes

+ en personas con antecedentes familiares de depresión

Apoyo social

+ en personas con poco

Funciones corporales

+ en cuando aparece discapacidad/incapacidad física o funcional

Reacción ante el diagnóstico

+ si se reacciona con depresión en este momento

Dolor

+ si hay dolor o cuesta manejarlo

Estado del cáncer

+ si es avanzado

Otras fuente de estrés

+ si hay problemas familiares, económicos, laborales…

Metástasis

+ si aparece en el Sistema Nervioso (no así en otras zonas)

Estado civil

+ en solteros

Metabolismo

+ si hay déficit nutricional u otros metabólicos

Fármacos

+ ante algunos componentes de la qumio

Hábitos anteriores

+ en consumidores de alcohol y drogas

Afrontamiento

+ si pierdes el significado o sentido de la vida

Salud mental, etc.

+ si han habido trastornos del estado de ánimo previos

3 Súper factores de protección

 

Esto es lo que yo llamo mucho en consulta los “amortiguadores”. Elementos que podemos poner en marcha y que a base de usarlos una y otra vez, el malestar se reduce. Pero ¡ojo! sólo el primero realmente lo resuelve.

Una vez aclarado esto, te cuento 3 de los factores de protección más potentes para que le vayas ganando el terreno a la depresión. Pero recuerda: igual que no entraste en ella de ahora para después,( ha sido un proceso aun que no nos hayamos dado cuenta), se sale también poco a poco. Allá vamos:

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Terapia psicológica

Cuando cualquiera de los síntomas descritos es demasiado intenso o se prolonga demasiado en el tiempo, hay que ir a consulta para ir desenredando esas emociones negativas que se están volviendo contra nosotros. Esto, sí soluciona el problema. Es mucho más que un amortiguador, es el solucionado por excelencia.

Ejercicio físico

¡ Ojito ! Siempre con el permiso del onco y adaptado a las limitaciones y molestias que podamos tener en cada momentos del proceso de enfermedad. Puedes empezar caminando un poquito cada día y ve aumentándolo progresivamente sin forzarte. Liberarás endorfinas y otras sustancias fundamentales que reducirán dolores y fatiga.

Actívate

Nada de estar el día completo “rascándote el papo”. Apóyate en los tuyos y haz muchas cosas que te gusten. Las personas con un buen apoyo social son más felices, así que dedica un tiempo cada día a fortalecerlas. No se trata de cantidad, sino de calidad. ¡Ponte en marcha!

 

Así que ya sabes, que los factores de riesgo estén presentes te hacen más vulnerable para padecer una depresión, dedica tiempo a empezar a poner estos amortiguadores en marcha, cuenta conmigo y di adiós al malestar extra que no necesitas para nada al afrontar tu enfermedad.

Ariadna González.
Psicóloga sanitaria y psicooncóloga

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