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Aquí va la segunda entrega de mi #OctubreRojo. Te dejo en las manos de Elena Crespi, Psicóloga y Sexóloga:

Cáncer… esa palabra que, con sólo nombrarla, se te ponen los pelos de punta. Muchas cosas asociamos a esta enfermedad y una de ellas, y de la que se habla poco, es de la afectación que puede tener en la esfera sexual…

 

Cualquier tipo de cáncer puede afectar nuestra sexualidad. No solamente aquellos que tienen relación con nuestros genitales. Y la sexualidad es una esfera muy importante de nuestra vida y, por ello, es muy importante dar voz a las dificultades asociadas a la sexualidad que se pueden encontrar todas las personas que transitan por un cáncer.

Las consecuencias físicas pueden ser muchas: disfunción eréctil, sequedad vaginal, pérdida del deseo sexual… Y, en muchos casos, hay una pérdida que también tiene afectación en el mundo afectivo y sexual: la pérdida de autoestima. Ésta es una de las bases para tener una sexualidad saludable y, a menudo, quien sufre un cáncer ve como su autoestima se puede ir diluyendo.
Es por eso que es muy importante hacer un trabajo para recuperar esa base de autoestima. Y será entonces cuando podemos incorporar el trabajo en la esfera afectiva y sexual.

¿Sabéis cómo es una cebolla, verdad? Pues os pediré que imaginéis que en el centro está todo aquello explícitamente sexual. No podemos empezar por recuperar las relaciones sexuales directamente. Porque quizás no se está preparado ni física ni emocionalmente. Por eso, primero debemos trabajar la capa más externa y necesaria que sería la autoestima. Seguiríamos con la capa que tiene que ver con la relación de pareja (en caso de tenerla). Después intentaríamos trabajar la esfera íntima y, finalmente, la explícitamente sexual.

 

Vamos por partes:

 

 

La autoestima: el proceso de aceptación de la enfermedad y de sus secuelas son clave para tener un buen nivel de autoestima que permita a la persona seguir adelante y tener la motivación y las ganas de cuidarse y mimarse.

La pareja: si se está en una relación de pareja, es muy importante conservar un espacio en el que ambos puedan no dejar de “ser novios”. Es decir, no olvidarse de hacer cosas juntos, de cuidarse el uno al otro, de abrir vías de comunicación sobre lo que representa la enfermedad e intentar encontrar la manera de sentirse reconfortados a pesar de la difícil situación que se está viviendo. Esto nos ayuda a fortalecer los pilares de la relación.

-La esfera íntima: si los pilares de la relación están fuertes o estamos trabajando para que así sea, podemos empezar a cultivar la esfera íntima. Y eso implica un espacio exclusivo de la pareja en donde la afectividad sea la protagonista: buscar un espacio para abrazarse, besarse, mimarse y comentar con el otro cómo se siente cada uno. Habrá quien se sienta en una situación muy cómoda con la pareja en este espacio de mimos y habrá quien le cueste más… poco a poco y comunicándose en pareja se puede volver a recuperar la comodidad (y trabajando la autoestima, claro).

-La esfera sexual: depende de las secuelas físicas y emocionales del cáncer, podemos encontrarnos con la necesidad de reubicar más o menos cosas. Por ejemplo: ante una intervención en un cáncer de próstata donde la erección es imposible podemos hablar con el médico y valorar la posibilidad (con sus ventajas e inconvenientes) de poner una prótesis. En caso de secuelas como la sequedad vaginal podemos utilizar tratamientos hidratantes puntuales (para el momento de la relación sexual) y/o tratamientos a largo plazo para ayudar a hidratar diariamente la zona vaginal. Podemos encontrar algunas herramientas “técnicas” para paliar los daños colaterales que afectan a la sexualidad. Pero lo que debemos tener en cuenta, y quizás son los más importantes, es la afectación psicológica que puede influir en cómo nos vemos sexualmente después de pasar un cáncer o durante la enfermedad. Y todo eso me lleva a hablaros de la reubicación de la sexualidad y su desgenitalización.

 

Quiero centrarme en esta parte porque es muy importante.

 

Nuestra educación afectiva y sexual (aprendida directa o indirectamente) no ha focalizada en la importancia de la penetración en el sexo. Casi todo lo que hemos aprendido nos ha hecho incorporar el esquema de que el sexo verdadero implica penetración. Y si nos quedamos con esa idea… nos perdemos todo un mundo donde la sexualidad, la sensualidad y el erotismo no tienen cabida.

Y ante una situación como la vivencia de un cáncer, hacen que reubiquemos nuestra sexualidad y ampliemos nuestro mapa corporal sexual. ¿Qué significa eso? Que os invito a incorporar cada rincón de vuestro cuerpo en el juego erótico y sexual. También a que no solamente busquéis una erección o una penetración en vuestras relaciones sexuales. Las caricias, los besos, los juegos… todo es bienvenido y nos ayuda a cultivar el erotismo y el deseo sexual.

Pero recordad… la base de todo esto es la autoestima. Trabajarla nos permitirá gozar mejor de nuestra sexualidad mientras vivimos o habiendo vivido un episodio vital tan importante como un cáncer.

 

Elena Crespi.
Psicóloga, Sexóloga y terapeuta de pareja.

 

¡Coge las riendas!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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