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“Mi primer coqueteo con el cáncer empezó un día tonto, un día muy tonto, en un momento sin nada de especial. La radio estaba de fondo, pensaba en qué ropa  aponerme para una fiesta cuando noté algo mientras me duchaba. Pensé que no era nada, pero es tanto el bombardeo de que es mejor consultar, que decidí muy mosqueada ir a preguntarle a mi médico por ese bulto en mi pecho. De repente, todo se rompió.”
Recibir un diagnóstico de cáncer genera un fuerte impacto emocional que de entrada podría dejarte con una sensación de bloqueo. Aparecerá el miedo. Miedo a los posibles tratamientos, al daño físico, a perder, al cambio, a la muerte. Luego necesitarás comprobar que lo que te han dicho es verdad. Quizás consultes con otros médicos y no te deje de rondar la idea de “se deben estar equivocando”. Cuando se confirme el diagnóstico, te enfadarás, pensarás “no es justo, no lo merezco”. Llegará el primero de muchos bajones. La tristeza se podrá hacer presente en tu día a día y necesitarás llorar. Poco a poco, conseguirás entender mejor qué está pasando, y empezarás a aceptarlo.  No son etapas que deban desarrollarse necesariamente en este orden, pero sí que es común que se experimenten ante un diagnóstico de este calibre.
Son reacciones normales y adaptativas que tu familia y amigos cercanos podrían vivir también. Es bueno y necesario que aparezcan para una correcta adaptación. Cada vez irán siendo menos intensas al irte familiarizando con todo el proceso oncológico, los tratamientos, el hospital, etc.

Pero, ¿qué pasa cuando una persona se queda “atrapada” en una de estas reacciones o etapas emocionales?

Cuando estas reacciones, aunque de entrada positivas y adaptativas se prolongan mucho en el tiempo, o bien, son excesivamente intensas, pueden dar lugar a reacciones emocionales desadaptativas. Y será el momento de consultar con una profesional de la Psicooncología.
Cuando una (cualquiera) reacción emocional no ayuda a afrontar la enfermedad, empeora el estado de ánimo y no contribuye al desarrollo en un futuro conductas saludables, hablamos de reacciones emocionales desadaptativas o negativas. Entre las que caben destacar:
  • Incredulidad: de entrada positiva como comentaba, pero cuando se prolonga puede generar grandes dificultades para asimilar malas noticias.
  • Culpabilidad: es una emoción dirigida hacia uno mismo con auto-acusación, pena y remordimiento.
  • Furia prolongada: cierto grado de enfado es normal. Sin embargo, experimentar demasiado enfada contra todo o todos y durante mucho tiempo, es negativo. Se trata de una furia agresiva que lleva a amenazar, agredir o tratar a otros con hostilidad a otros.
  • Colapso: la persona afectada no reacciona, se paraliza y necesita depender de los demás para afrontar cualquier situación. Por ejemplo, no va a las visitas o a los tratamientos si no es acompañada.
  • Shock: es un estado de sobrecarga emocional, que incapacita momentáneamente a la persona para actuar o decidir.  Me refiero a manifestaciones muy intensas y fuera de lo común. Como silencios muy prolongados, gestos, gritos, etc.
  • La búsqueda imposible: buscar más información sobre la enfermedad intentando encontrar alguna solución milagrosa. Generalmente ya dispone de información adecuada y personalizada. Suele implicar también entrar en tratamientos complementarios con poco rigor científico, y que pueden interferir con los tratamientos convencionales.
  • Desesperación: considerar y expresar abiertamente que no hay nada que hacer, aun cuando en muchos casos es irreal. Es un planteamiento que lleva a la persona afectada a sentarse y esperar su muerte.  Con lo que la esperanza se anula, siendo la principal causa de depresión en estos pacientes.
  • Hiperdependencia: tanto de la familia como del equipo médico. El paciente necesita a los demás para realizar actividades que podría hacer en base a su estado físico, que incluso realizaba. Además, podría perder su capacidad de actuar, no participar en la toma de decisiones, delegando en los demás absolutamente todo.
  • Rabia dirigida a alguien y acusación: generalmente dirigida a su médico. Quienes reaccionando con empatía y aportando soluciones podrán minimizar esta respuesta.
  • Pregunta “por qué a mí”: suele ser una expresión de rabia, desesperación, frustración y sentimiento de injusticia.
  • Amenazas: actúa bajo una absoluta sensación de pérdida de control.  Para recuperarlo, el paciente podría amenazar a su médico con una denuncia o a sí mismo con hacerse daño.
  • Seducción: algunos pacientes pueden adoptar una actitud de elogiar excesivamente a su médico y/o hacerle regalos, con la intensión de mantener una relación especial con el profesional, para conseguir tenerlo más accesible, o incluso, como una “garantía de curación”.

¿Cuándo debería acudir a un profesional?

Las reacciones emocionales, van a interferir en los tratamientos y colaboración por parte del paciente con el equipo médico. De tal manera que las reacciones emocionales desadaptativas podría, incluso poner en riesgo la vida de la persona afectada. Por ejemplo por el abandono de los mismo al no querer creer que realmente se está enfermo (incredulidad).
Siempre es recomendable consultar con un experto de la Psicooncología en dos situaciones:
1) Cuando cualquier reacción emocional se prolonga mucho en el tiempo, o
2)es excesivamente intensa
Sabrás cuando alguna de estas situaciones se dan porque durarán más en el tiempo o serán mucho más intensas de lo habitual para esa persona.
Conocer  las dos situaciones de riesgo emocional será crucial para poder reducirlas y reconducirle a una buena adaptación al proceso de enfermedad, amortiguando así el malestar y aliviando el dolor.
Psicooncóloga.

Artículo escrito para Pueris.com 

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