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Día Mundial Contra el Cáncer

Publicado en el Periódico el Día el pasado 1 de Febrero de 2015

El miércoles 4 de febrero, el mundo celebra el día internacional contra el cáncer. Una enfermedad que mató en 2012 a 8,2 millones de personas y que está suponiendo en los últimos 10 años, la pérdida de 84 millones en todo el mundo según la Organización Mundial de la Salud, (OMS).
 
 
“En ese momento lo primero que busqué fue algo cierto a lo que aferrarme. Y lamentablemente, al principio, sólo recibí cachetadas en el alma” (Marcos, 29 años, afectado de cáncer de páncreas).
 
 
Un cáncer interrumpe, un cáncer entorpece, un cáncer genera dolor, genera alivio, genera renacer, genera aprender, genera amigos y también los ahuyenta. Un cáncer te hará crecer de una forma muy peculiar. Un cáncer es contradicción, es incertidumbre, es aprendizaje.  Te hará reencontrarte contigo mismo, te hará ver lo peor y lo mejor de ti. Resurgirás para ver el mundo con un color diferente. Aprenderás que diferente, no es peor.
 
Las cifras son difíciles de encajar, la realidad que ahora llega también lo es, pero no es imposible. Tu médico te habla de cáncer y de tratamientos, pero lo que realmente te está poniendo sobre la mesa, es lo que Holland y Roland llamaron las “5D” en 1989, por su nomenclatura en inglés: 1) miedo a la muerte (Death) y a las posibles recaídas; 2) dependencia a los médicos y familiares (Dependence) para las revisiones, citas, tratamientos, el día a día, el trabajo, etc. ; 3) cambios en la autoimagen y funcionalidad corporal por las cirugías (Disfigurement); 4) ruptura y cambios de las relaciones sociales (Disruption), algunos amigos “desaparecerán”, otros serán pilares fundamentales que no te dejarán ni a sol ni a sobra; 5) incapacidad o dificultad para alcanzar metas propias a tu momento evolutivo, nivel profesional o personal, pues la enfermedad interrumpe, genera un paréntesis en tu vida que podría retrasar una ascenso, un nuevo proyecto, el crecimiento de la familia… (Disabillity).
 
Se trata de un etapa de tu vida, una etapa más que sacará lo mejor de ti a base de esfuerzo, de cuidarte, de mimarte mucho, de entenderte y dejarte ayudar, de darte tiempos, de descargar lo que sientes, de compartirlo y delegar.
 
Durante este tiempo, podrás sentirte vulnerable muchas veces. El miedo a las posibles recaídas y muerte te podrán acompañar casi todo el camino en mayor o menor medida. Estos cambios que vienen y que sentirás como bruscos te podrán generar mucha ansiedad, sentimientos de abatimiento, de daño físico. Estos cambios podrán estar más presentes en algunas fases del proceso sobre tu cuerpo, tu pelo o tu cara. Te podrá preocupar lo que los demás digan o piensen sobre tu imagen nueva en la que no te reconoces. Pero lo importante no es lo que ellos vean, lo importante es lo que ves tú. Cuídate mucho. Déjate abatir cuando sea necesario y descarga todas esas emociones que te invaden. No tengas miedo al rechazo, el cáncer atrae a verdaderos amigos y compañeros de batalla que te van a ayudar a reír hasta cuando creías que era imposible.
 
Recibir un diagnóstico de cáncer genera un fuerte impacto social, personal y emocional que de entrada podría dejarte con una sensación de bloqueo. Es posible que  necesites comprobar que lo que te han dicho es verdad. Quizás consultes con otros médicos y no te deje de rondar la idea de “se deben estar equivocando”. Cuando se confirme el diagnóstico, te enfadarás, pensarás “no es justo, no lo merezco”. Llegará el primero de muchos bajones. La tristeza se podrá hacer presente en tu día a día y necesitarás llorar. Poco a poco, conseguirás entender mejor qué está pasando, y empezarás a aceptarlo.  No son etapas que deban desarrollarse necesariamente en este orden, pero sí es común que se experimenten ante un diagnóstico de este calibre.
 
Son reacciones normales y adaptativas que tu familia y amigos cercanos podrían vivir también. Es bueno y necesario que aparezcan para una correcta adaptación. Cada vez irán siendo menos intensas al irte familiarizando con todo el proceso oncológico, los tratamientos, el hospital, etc.
 
 
“Atrapada” en reacciones o etapas emocionales
 
Cuando una reacción emocional, cualquiera, no ayuda a afrontar la enfermedad, empeora el estado de ánimo y no contribuye al desarrollo de futuras conductas saludables, hablamos de reacciones emocionales desadaptativas o negativas. Entre las que caben destacar:
 
Incredulidad: de entrada positiva, “no me puede estar pasando a mí”, pero cuando se prolonga puede generar grandes dificultades para asimilar malas noticias.
 
Culpabilidad: es una emoción dirigida hacia uno mismo con auto-acusación, pena y remordimiento.
 
Furia prolongada: cierto grado de enfado es normal. Sin embargo, experimentar demasiado enfado contra todo o todos y durante mucho tiempo es negativo. Se trata de una furia agresiva que lleva a amenazar, agredir o tratar a otros con hostilidad.
 
Colapso: se produce cuando la persona afectada no reacciona, se paraliza y necesita de los demás para afrontar cualquier situación. Por ejemplo, no va a las visitas o a los tratamientos si no es acompañada.
 
Shock: es un estado de sobrecarga emocional, que incapacita momentáneamente a la persona para actuar o decidir.  Manifestaciones muy intensas y fuera de lo común. Como silencios muy prolongados, gestos o gritos.
 
La búsqueda de lo imposible: Intentar encontrar alguna solución milagrosa. Generalmente la información es adecuada y personalizada. Suele implicar también entrar en tratamientos complementarios con poco rigor científico, y que pueden interferir con los tratamientos convencionales.
 
Desesperación: considerar y expresar abiertamente que no hay nada que hacer, aunque sea irreal. Es un planteamiento que lleva a la persona afectada a sentarse y esperar su muerte. La esperanza se anula y es causa de depresión.
 
Hiperdependencia: de la familia y del equipo médico. El paciente necesita a los demás para realizar cualquier actividad. Pierde su capacidad de actuar, no participa en la toma de decisiones, delegando en los demás absolutamente todo.
 
Rabia dirigida a alguien y acusación: generalmente dirigida al médico. Quienes reaccionan con empatía y aportando soluciones podrán minimizar esta respuesta.
 
Preguntarse “por qué a mí”: suele ser una expresión de rabia, desesperación, frustración y sentimiento de injusticia.
 
Amenazas: actuar bajo una absoluta sensación de pérdida de control.  Para recuperarlo, el paciente podría amenazar a su médico con una denuncia o a sí mismo con hacerse daño.
 
Seducción: elogiar excesivamente al médico y/o hacerle regalos, con la intensión de mantener una relación especial, para conseguir tenerlo más accesible, o incluso, como una “garantía de curación”. 
 
Empezaba contándote que un cáncer interrumpe, que entorpece, te frena, pero te hará crecer y mejorar. Rodéate de gente que te aporte cariño, comprensión y te ayude en el día a día, delega en los demás, comunícalo a los tuyos con naturalidad, permítete emocionarte y procesar todo el malestar y confusión que, aunque normales, son difíciles de gestionar. Si el malestar es demasiado intenso o se prolonga demasiado en el tiempo, es el momento de consulta con una psicooncóloga/o. Gestionar adecuadamente todas estas situaciones te permite adaptarte mejor para vivir el proceso sin tanto dolor, ver lo positivo que esconde la enfermedad y crecer.  Déjate mimar.

¡Recupera la sonrisa!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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