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¡ Por fin llega otra entrega del Mis 12 Superheroínas ! Y si algo define a mi siguiente invitada,  es una sonrisa de oreja a oreja pase lo que pase. Como ella dice, aprendió a dejar el cáncer encerrado en la cocina, a disfrutar de las cosas buenas de la vida y se ha dejado inundar por el mundo de fantasía de su pequeña Princesa Daniela.

Hoy en mi Blog, entrevisto a mi 10º Superheroína:  Maribel (@mepidolavida), la dulzura. Una mujer excepcional con una sonrisa de esas que ilumina a su paso y unas ganas enormes de V I V I R.

A. ¿Qué edad tenías cuándo te diagnosticaron cáncer? ¿De qué tipo? ¿Cómo era tu vida en esos momentos?

M: Acababa de cumplir 36 años. Era un tumor hormono dependiente. Llevaba una vida muy tranquila, sin estrés y me sentía muy feliz

 

A: Antes de la enfermedad, ¿habías estado sometido a mucho estrés o alguna situación que te resultara especialmente dura de afrontar?

M: No .De hecho, hacía unos años y debido a mi trabajo, había pasado ciertas situaciones de estrés, pero justo en esa época había aprendido a vivir de forma más tranquila y llevaba una alimentación sana y practicaba ejercicio. Sí que es verdad que fumaba de vez en cuando, pero era una de esas fumadoras que llaman de carácter “social”.

 

A: ¿Qué tratamientos recibiste?

M: En un primer lugar me operaron ,y analizaron tres ganglios. Salieron negativos y no me tuvieron que operar más .A las cuatro semanas me iniciaron tratamiento de quimioterapia. Fueron seis ciclos. Finalicé este tratamiento el 29 de diciembre del 2010 y en enero inicié el tratamiento de radioterapia. Fueron un total de 30 sesiones.

Después, y como tratamiento preventivo, me administraron un tratamiento hormonal. Una pastilla diario de Tamoxifeno durante dos años, tras los cuales, el oncólogo me permitió hacer una parada para poder quedarme embarazada, tras lo cual volví al tratamiento, que suspendí en enero del 2017 cuando me diagnosticaron de nuevo cáncer de mama. En esta ocasión el cáncer se presentó en forma de recidiva, con afección metastásica ósea.

 

A: Si tuvieras que elegir, ¿cuáles serían los 3 peores momentos a los que te has enfrentado durante tu proceso?

M: El primero, obviamente, el momento en el que tras realizarme la biopsia, el doctor me informa que en un 99 por ciento mi tumor es maligno, y se trata de un cáncer de mama.

El segundo, el momento en el que tengo que decírselo a mis padres. Mi madre en esa época, se estaba recuperando de su segundo autotrasplante de médula y temía que el hecho de ver a su hija enferma, mermara sus fuerzas de luchar por recuperarse. Fue todo lo contrario. Creo que,el  verme a mí luchar, hizo que ella lo hiciera aún con más fuerzas.

El tercero, cuando una oncóloga, nada empática de mi mutua de salud, me dio a entender que no podría ser madre. No le hice caso, luché por mi sueño de ser mamá, y hoy, desde hace casi cuatro años, he despertado a mi princesa y la he abrazado sintiendo que nada ni nadie ha de robarte tus sueños.

 

A: Pasar un cáncer es un época de muchos cambios, ¿cuáles tuviste que hacer tú?

M: El cambio más evidente, fue, sin lugar a dudas, el físico. Enfrentarte a tu nueva imagen, sin cabello, sin cejas y sin pestañas, no siempre es fácil.

No obstante, y supongo que por el amor de los míos, nunca me sentí insegura, y nunca perdía mi sonrisa. Los días posteriores al tratamiento de quimioterapia, también se hacían difíciles por las náuseas y el cansancio.

 

A: Actualmente, ¿dirías que tienes alguna secuela física o emocional, qué ha cambiado en este sentido?

M: No he sufrido ninguna secuela física. De hecho, conservo la misma talla que antes, y mi cabello ha vuelto a crecer. Sí que es verdad, que me gusta mucho cuidarme, y el echo de llevar una dieta sana y una rutina de ejercicios, no me supone un gran esfuerzo. El volver a verte como antes, es un proceso que no viene de la noche a la mañana.

Tardé unos dos años en volver a reconocer en el espejo a la Maribel de antes. Al principio del tratamiento hormonal, tuve una época de muchos sofocos que resultaban algo molestos pero aproximadamente en un año y medio se normalizaron.

A nivel emocional, salí muy reforzada. Sentí que la vida es un viaje muy corto y desde entonces la vivo con muchísima más intensidad. Más si cabe desde hace un año y medio, cuando el cáncer decidió visitarme de nievo y quedarse, en esta ocasión, acompañándome durante muchos años

 

A: La gente de siempre, ¿supo reaccionar o todavía hoy se alejan al sabernos enfermas?

M: La reacción de la gente ha sido diferente en mis dos enfermedades: cuando me diagnosticaron el primer cáncer, en el 2010, muchos de los que consideraba mis “amigos”, desaparecieron. Pasé muchos días llorando en soledad viendo como mi móvil permanecía en silencio y sintiéndome, incluso culpable, pensando que quizás había hecho algo mal para recibir tan poco cariño.

Paradójicamente, en este segundo cáncer, se cuentan por cientos, las personas que están a mi lado, me demuestran su cariño y me acompañan en mi día a día. Creo mucho en las energías, y siento que la vida me está devolviendo, en cierta manera, esos momentos que no tuve  durante mi primer diagnóstico.

 

A: Dime una palabra que resuma los peores momentos con el cáncer.

M: SOLEDAD en el primero. INCERTIDUMBRE en el segundo

 

A: ¿Alguna vez te planteaste o te has planteado ir a una Psicooncóloga? 

M: No me lo he planteado. Quizás porque en ese momento, nadie de los profesionales que estaban a mi lado me lo comentaron. Seguramente,  en ese primer cáncer, y debido a esa tristeza generada por ese sentimiento de soledad, creo que me hubiera sido muy positivo.

 

A: Y, ¿cuáles han sido los 3 mejores momentos de tu proceso?

M: En el primer cáncer, los tres mejores momentos fueron: 1) cuando el cirujano me comunicó que la intervención había sido un éxito y que los ganglios eran de carácter negativo; 2) el segundo cuando finalicé la quimioterapia; 3) y el tercero cuando, después de finalizar tratamiento radioterapia, el doctor me dijo que no había rastro de células cancerígenas y el cáncer formaba ya parte de mi pasado.

En el segundo cáncer, me cuesta contestarte a esta pregunta, ya que hoy por hoy no tiene cura. Esos momentos podrían vincularse, no a  la enfermedad, sino a las personas que me rodean: 1) el primer momento lo viví al recibir un inmenso cariño de muchísimas personas que me tendieron su mano cuando el volver a caminar se hacía una misión casi imposible; 2) el segundo: cuando, tras no funcionar el primer tratamiento, me derivaron a la Seguridad Social, y un ángel vestido con bata blanca me regaló su energía , su profesionalidad y su cariño y me dio una esperanza de vida; 3) el tercero espero poder vivirlo: ese día en el que mi doctor me comunique que yo soy ese uno por ciento que ha podido desterrar de nuevo al cáncer de su vida.

 

A: ¿Ahora eres más feliz?

M: Decirte que soy feliz al 100% sería mentirte. Me sentiría así si estuviera curada. Pero sí que es verdad que si me preguntaras si soy feliz, seguramente te respondería que sí.

El otro día ,una muy buena amiga, me dijo: – “Maribel, ten claro que el cáncer es el que te ha permitido vivir de verdad la vida que querías”. Y seguramente es así. Esta entrevista, sin ir más lejos, no la estaría respondiendo de no estar enferma. Nunca me hubiera lanzado a las RRSS y no estaría escribiendo un libro. Seguramente seguiría sentada en el sofá viendo pasar la vida y dejando para mañana esos sueños tras los que corro desde hace poco más de un año.

 

A: En una sola palabra, ¿qué te ha aportado vivir esta dura enfermedad?

M: VIDA.

 

A: ¿Qué consejo le darías a otra persona en tu misma situación?

M: Le diría, que tras esos primeros momentos en los que sientes que la vida es injusta, y sólo deseas gritar “por qué yo”, vaciara su alma de rabia y aceptara que el cáncer ha venido a su vida.

Aceptarlo es primordial para poder seguir adelante. Y dejarle la rabia a él es fundamental para poder ser feliz. Nadie puede ser feliz desde la rabia y el resentimiento.

Le diría que va a haber momentos difíciles, que va a haber días en los que sienta que ya no puede más. Sí puede. Uno es más fuerte de lo que imagina y no hay nada comparable a las fuerzas por vivir.

Le diría que cuando se mire al espejo y no se reconozca, se mire a los ojos. Porque esos ojos reflejan la mirada de esa persona que se levanta cada día, se tatúa una sonrisa y le dice SÍ A LA  VIDA. Ahí sigue estando ella, porque en la mirada está su alma.  Y esa nunca cambia, esa es su esencia y habrá un día en el que el espejo le devolverá el reflejo de una guerrera, de un guerrero, que luchó por seguir adelante. Que luchó siempre por VIVIR. 

 

Maribel Granados
@mepidolavida
Afectada de cáncer

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