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“Este es, para mi el más bello y mas triste paisaje del mundo. Es el mismo paisaje de la página precedente, pero lo he dibujado una vez más para mostrároslo bien. Aquí fue donde El Principito apareció en la tierra y luego desapareció.

Mirad atentamente este paisaje a fin de estar seguros de que habréis de reconocerlo, si viajáis un día por el África en el desierto. Y si llegáis a pasar por allí, os suplico: no os apresuréis; esperad un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño llega hacia vosotros, si ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le interroga, adivinaréis quién es. ¡Sed amables entonces!. No me dejéis tan triste. Escribidme en seguida, decidme que El Principito ha vuelto……..”
Final de El Principito
Antoine de Saint-Exupéry

Cada día en el Mundo miles de seres humanos pierden a su Principito, ya sea un niño de cabellos de oro o su madre de cabellos canos…

 

En unos casos sabremos que esa relación intensa acabará pronto… Los fríos datos nos dan meses de supervivencia.
¿Qué hacemos para afrontar esa pérdida?
¿Qué hace la persona que sabe que su cuerpo se ha rebelado contra si mismo como un monstruo feroz que lo devora?
Lo que pasa por la cabeza en eso momentos lo han descrito muchos psicólogos: la sorpresa, la rabia, la negación, la negociación, la depresión y la aceptación e incluso la sublimación. Más difícil es lidiar con ello y encontrar la actitud justa para acompañar y ayudar a que se llegue a la fase se aceptación activa en la que la persona es consciente de lo que le pasa pero ha dejado paso de la queja a la actitud proactiva y solucionadora.
Pues bien, esos otros humanos que cada día enfrentan los temores de las personas que se sienten devoradas y de sus familiares son los psicooncologos: psicólogos expertos en el ¿manejo? (si es que eso se puede manejar) de todo ese maremagnun de sentimientos.
Son Ariadna, la autora del blog “Psicooncología para Pacientes” y también Beatríz,  Nacho, Belén, Lola… En todos los Hospitales que he dirigido he encontrado alguno. Muchas veces trabajando no para la administración pública (que no provee plazas para estos profesionales imprescindibles por motivos de “burocracia institucional” derivada del sistema estatutario) sino por entidades sin ánimo de lucro como la Asociación Española contra el Cáncer.
Tengo amistad íntima con algunos por un motivo fundamental: su gran corazón y su humanidad. Los admiro. Lidiar cada día con esos paisajes desérticos donde sólo una estrella sostiene el firmamento. A veces ni eso, y todo se vuelve noche oscura… En ese momento ellos son las estrellas. Y no es coba, no soy dado a ello, (un frío gestor y gerente malvado me llamarían algunos, recortador y otras lindezas…) pero en la mayoría de ellos he observado ese brillo de estrella en sus ojos.
Toda la información es poca cuando alguien está enfermo y más de cáncer. Ellos dan una información valiosísima que otros profesionales no pueden dar: cómo manejara su propia mente y sus sentimientos y cuando ello, a veces, se torna imposible, como acompañar, acoger y comprender.

Lejos de otros intereses que rodean la oncología, estos profesionales cada día hacen una labor que aún no puedo captar bien en su profundidad. No lo pueden todo, no son héroes… Pero están ahí cada día escuchando, acompañando y eso es mucho: en mi escala de mérito, es muchísimo.
Gracias Ariadna por permitirme haceros esté pequeño homenaje a los que os dedicáis a esto. Gente que me ha dejado mucha huella la mayoría. Gracias a vosotros no estoy tan triste: sé que El Principito ha vuelto.
Médico y Gerente del Departamento de Salud de Orihuela en Alicante.

¡Recupera la sonrisa!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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