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“No tenemos buenas noticias, por los datos que tenemos, creemos que es cáncer de ovario”

Así empezó esta nueva etapa. Aquella mañana, organicé todo el trabajo para poder acompañar a mi madre al médico, ella tenía que recoger los últimos resultados, y mi hermana y yo quisimos estar ahí. Negábamos, aunque intuíamos una noticia de ese tipo.

Tres personas, mi madre (la paciente), mi hermana y yo en la consulta del médico y tres reacciones en ese momento muy diferentes. Voy a intentar describir la mía…
En ese justo momento en el que un médico te da una noticia de ese tipo, creo que como muchas personas, me planteé “¿porqué mi madre?” ya veníamos de una situación familiar compleja y esto era como… “¿y qué mas?” En la consulta, en un intento de aplicar lo que tantas veces le dice uno a sus pacientes, hice un montón de preguntas, no quería salir con dudas de allí… pero ahora que lo vivo de cerca, me doy cuenta de que las dudas que uno quiere que le resuelvan, no son dudas médicas estrictamente hablando… sino ¿qué va a pasar ahora?, ¿cómo lo vamos a afrontar? ¿es muy grave? ¿voy a ser capaz de estar a la altura?… y un millón de dudas que sólo con el tiempo puedes resolver.
Esa consulta fue una mañana de jueves, y la operación estaba programada para el siguiente lunes, por lo que (afortunadamente) no hubo mucho tiempo para pensar. Preparar algunas cosillas en casa, organizar el trabajo para poder acompañar a mi madre y mis hermanos en ese momento y poco más… Un eterno fin de semana, pero al fin y al cabo, un fin de semana.
No sabía si buscar información, si no buscarla, si preguntar a compañeros, si desahogarme y dejarme llevar por mis sentimientos o mantenerme fuerte… dudas, dudas y más dudas… no sólo sobre mi, sino sobre mi familia, mi madre… e incluso sobre la “justicia divina”. Opté por estar lo más distraída posible para que el tiempo pasara rápido. Me vino bien. También necesitaba algún ratillo a solas para poder soltar un poco de la tensión que llevaba acumulada… pero sabía que el lunes tenía que intentar aportarle a mi madre algo de serenidad… si yo tenía dudas, no quiero pensar las que pasaban por su cabeza en ese momento.
Y llegó el lunes… primera duda resuelta: sí, fui capaz de mantener la calma en el “ratazo” que duró la operación. Tenía una calma extraña… pensaba: “justo en este momento, se esta resolviendo un problema, están intentando dejar a mi madre lo más “limpia” posible”. Fueron aproximadamente 8 horas de operación. Se me hicieron largas, pero no tan largas como una sola de las horas de ese fin de semana de espera.
Y por fin nos llamaron los médicos para explicarnos como había salido todo. Y todo salió lo mejor que pudo salir: se encontraron justo lo que esperaban encontrarse, sin sorpresas. Inmejorable el trato de esos cirujanos explicándonos qué habían hecho y porqué. Se mostraron muy amables y estaban completamente abiertos a escuchar y responder nuestras preguntas. Algo que siempre, siempre, agradeceré.
A partir de ahí, y aunque aún faltaba por conocer el estadío del cáncer de mi madre, comencé a sentirme mucho más fuerte… ya sí estaba segura de querer saber toda la información; estaba convencida de que, una vez pasada la cirugía, lo demás lo iba a afrontar con fuerza…
El postoperatorio fue muy muy bien. Mi madre se recuperaba por días. El equipo médico de planta era estupendo, y la trataban muy bien. Ella seguía al pié de la letra todas y cada una de las recomendaciones del médico y todo fue muy bien. Le dieron el alta a los cinco días de la operación. En casa había que seguir cuidándola, pero como en casa, en ningún sitio…
Aún nos faltaban los resultados sobre el estadío del cáncer… pero de verdad, que yo ya me sentía diferente. Sabía que nos quedaba una información muy importante por conocer, pero para mí, lo realmente importante, ya había pasado. Me sentía con fuerza, aunque tenía dudas sobre cual era la mejor forma de apoyar a mi madre, por eso me puse en contacto con Ariadna. He de reconocer que la naturalidad con la que habla de estos temas, tan “desnaturalizados” cuando nos tocan de cerca, ayuda y mucho a tomar una perspectiva más sana, o más sana al menos para mí… Suena muy evidente, pero cuando uno lo tiene encima, a veces se olvida de que hay un montón de personas que pasan por este tipo de enfermedades y las superan. Es una experiencia dura, no voy a decir lo contrario, pero la vida tiene este tipo de momentos, y cuando toca afrontarlos, no queda otra que seguir para adelante, y si puede ser con buen talante, mejor.
Ví algunos vídeos de testimonios de mujeres que habían pasado por un cáncer de ovario… y todas lanzaban el mismo mensaje “SE PUEDE”. Creo que esas dos palabras respondían a todas las dudas que me planteaba antes.  No solo se puede superar un cáncer, sino que se puede ser un buen apoyo, se puede llorar, se pueden tener dudas, se puede hablar del tema, se puede estar nervioso, se puede… todo está permitido.
Poco a poco, aprendí a no anticiparme… a ir viviendo las cosas conforme fueran sucediendo. Primero este paso, luego vendrá el siguiente. Pero cada cosa en su momento. Sin más. Permitiéndome el lujo de llorar cuando lo necesitaba, de maldecir cuando sentía rabia… pero siempre poniendo ante mi madre la mejor de las sonrisas. Ya no por su cáncer, sino porque ella suele sufrir bastante cuando sufre uno de sus hijos… y tonta no es… se que sabe que lo pasé regular… nunca le mentí, hubiera sido una mentira insostenible. Cuando me preguntaba le decía la VERDAD:  “Pues sí mamá… esta noticia ha sido para mi un jarro de agua fría, pero ahora aplicaré todo lo que me has enseñado… y afrontaremos esto juntas.”
Los médicos nos informaron de que había salido todo muy bien en la operación y que el cáncer se encontraba en estadío 1. Otra noticia estupenda, que literalmente, celebramos. Cenamos todos juntos y brindamos. Hablamos sobre la operación y como lo vivió cada uno. Nos abrazamos sabiéndonos unidos. Celebramos juntos, lo que lloramos en su día juntos. ¿Porqué no? Es posible que haya sido la mejor celebración que hemos hecho hasta el momento.
Ahora toca la quimioterapia. 6 sesiones cada 21 días… lo afronto con miedo. Con el miedo de ¿cómo me sentiré cuando vea a mi madre con los efectos secundarios de la quimioterapia? Pero con dos palabras muy claras en mi cabeza, siempre: SE PUEDE.
Hija de afectada de cáncer

¡Coge las riendas!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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