Mi 9ª Superheroína es una de esas personas que transmite luz. Una luz de esas que surge de la oscuridad. Una luz que lo inunda todo a  su alrededor y aunque a esta joven médico el cáncer la frenó con tan sólo 33 años, ha sabido reprender para despertar a la vida.

Si te gusta el ejercicio, seguro que conoces sus #marteszapatillas. Hoy os presento a Ana (@aveya_ana), una superheróina que a cambiado el “corre, corre” del día a día por correr sin más.

 

A: ¿Qué edad tenías cuándo te diagnosticaron cáncer?¿De qué tipo? ¿Cómo era tu vida en esos momentos? 

A: Cuando me diagnosticaron cáncer tenía 33 años. Se trataba de un carcinoma ductal infiltrante en la mama derecha, con afectación axilar. Estadío IIB. Mi vida en esos momentos era muy acelerada. Trabajaba en un centro de salud como médico de familia. Además de la consulta y las guardias, empleaba mi tiempo libre en realizar cursos, impartir talleres o programar otras actividades relacionadas con el trabajo. Me recuerdo siempre corriendo de un sitio a otro, me faltaba tiempo para todo lo que quería hacer. 

 

A: Antes de la enfermedad, ¿habías estado sometido a mucho estrés o alguna situación que te resultara especialmente dura de afrontar?

A: Sí. El propio trabajo, aunque gratificante, me producía mucho estrés. Aspiraba a otro tipo de función asistencial que en aquel momento era difícil de encontrar. Me sentía insatisfecha y abrumada por la gran carga laboral que yo misma me había encargado de incrementar con trabajo extra. Además, cada cosa que me proponían, la aceptaba. No sabía decir que no.

 

A: ¿Qué tratamientos recibiste?

A: Recibí 8 ciclos de quimioterapia, me extirparon la mama derecha y los ganglios de la axila (mastectomía con linfadenectomía) y me dieron 25 sesiones de radioterapia. Ahora estoy en tratamiento con hormonoterapia. Tomo una pastilla diaria y me inyectan una medicación subcutánea mensual con la finalidad de tener los estrógenos a raya puesto que mi tumor era hormonal. 

 

A: Si tuvieras que elegir, ¿cuáles serían los 3 peores momentos a los que te has enfrentado durante tu proceso? ¿Por qué?

  • A: El peor momento, sin duda, fue el del diagnóstico. A pesar de mi profesión, recibir la noticia fue como una sentencia de muerte. Creí que había llegado mi momento y que ya no tenía nada que hacer. Cuando ya es bien sabido por todos, que cáncer no es sinónimo de muerte. Pero en ese momento te inundan los pensamientos negativos. 
  • Recuerdo también como un momento muy duro la espera de resultados del PET-TAC. Además, la máquina se estropeó el día de la prueba y tuve que esperar una semana más para poder realizarla. No saber hasta dónde llega la afectación de tu enfermedad es muy duro. No sabes a qué te enfrentas. 
  • La tercera cosa que destacaría sería el sentimiento de pena que te transmiten, generalmente desconocidos. Miradas de lástima al cruzarte por la calle o comentarios como “fíjate, pobrecita, tan joven”. Me hacían sentir aún más frágil de lo que me encontraba.

 

A: Pasar un cáncer es un época de muchos cambios, ¿cuáles tuviste que hacer tú? ¿Qué otros cambios observaste?

A: Con el cáncer mi vida ha cambiado en todos los aspectos. He cambiado mi orden de prioridades. El trabajo, indudablemente, ya no es lo primero. He llegado incluso a pensar en cambiar de profesión. De hecho, es mi “asignatura pendiente”. Reencontrarme con el mundo laboral está resultando ser un terreno pantanoso.  No querría volver a vivir aquel estrés que tanto me hizo sufrir. 

Ahora valoro muchas cosas a las que antes prestaba poca atención. Situaciones cotidianas como una buena tarde de mantita y peli, o un café con amigas, son verdaderos regalos. 

He empezado a cuidar mi cuerpo. Antes nunca tenía tiempo. Disfruto preparándome platos saludables, realizando deporte o dedicándome momentos de meditación.

 

A: Actualmente dirías que tienes alguna secuela física o emocional, ¿qué ha cambiado en este sentido?

A: Tengo secuelas tanto físicas como emocionales. En lo físico destaca la aparición de linfedema junto con limitación de la movilidad del brazo derecho a causa de la operación. Debo llevar una manga de compresión y realizar ejercicios diarios. Además, tengo dolor articular, sobre todo en muñecas y tobillos. Me levanto anquilosada todas las mañanas. ¡Cuesta ponerse en activo!. A esto se asocia sofocos, insomnio, un dedo en resorte y labilidad emocional. He pasado por diferentes etapas en lo que al abordaje del cáncer se refiere. Al principio tenía una necesidad imperiosa de conocer personas en mi misma situación. Pero cuando terminé los tratamientos más duros (la quimio, la cirugía y la radioterapia), hablar de cáncer me agobiaba mucho. Me sentía saturada y me causaba incluso dolor. Ahora, poco a poco, vuelvo a hablar del cáncer con normalidad. 

 

A: La gente de siempre, ¿supo reaccionar o todavía hoy se alejan al sabernos enfermas?

A: La gente de siempre se merece todo mi reconocimiento por la gran labor de acompañamiento que ha realizado conmigo. Desde mi familia, mi pareja, mis amigos, mis compañeros de profesión… incluso personas que no eran muy cercanas se han mostrado increíblemente empáticas. Hay de todo, por supuesto. Hay a quien se le ha quedado grande. Pero me quedo solo con lo bueno. 

 

A: Dime una palabra que resuma los peores momentos con el cáncer.

A: INCERTIDUMBRE

 

A: ¿Alguna vez te planteaste o te has planteado ir a una Psicooncóloga? 

A: Desde el inicio de los tratamientos me lo planteé y me lo plantearon pero lo rechacé. Pensaba que no me hacía falta. Me sentía fuerte e imparable. ¡Parece que además de quimio nos metan sobredosis de energía y ánimo para continuar adelante! Pero tras la intervención la cosa cambió. Empecé a sentirme más vulnerable y temerosa. Comencé a acudir a la psicooncóloga del hospital por recomendación de mi oncólogo y me ayudó, y ayuda, bastante. Pienso que es una esfera más a tratar y un profesional más al que poder acudir con normalidad. De hecho, creo que tratar la esfera psico-emocional es imprescindible para un completo proceso de curación. 

 

A: Y, ¿cuáles han sido los 3 mejores momentos de tu proceso?

  • A: Aunque parezca contradictorio con lo descrito anteriormente, también el diagnóstico, al recibir tantísimo apoyo de la gente que me conoce. Las llamadas, mensajes, notas de audio, vídeos… fueron abrumadores y me hicieron sentir infinitamente agradecida. 
  • Al conocer a Nuria y a Vero, compis de batalla, con las que tanto he reído, llorado y compartido durante los meses de tratamiento a través del teléfono móvil, porque son de ciudades diferentes a la mía. Sé que esta amistad será para siempre.
  • Y mi despertar. Mi despertar de la vida. No sabría concretar en qué momento fue exactamente, pero siento que he abierto los ojos, dejando atrás el piloto automático con el que viajaba. 

 

A: ¿Ahora eres más feliz? ¿Cuál ha sido tu receta para sentirte mejor?

A: Soy más feliz, porque vivo de manera más consciente, pero no me siento agradecida por haber tenido cáncer.

Mi receta para sentirme mejor creo que podría resumirla en compartir y dejarme acompañar. Compartir mi experiencia con otras mujeres, contar lo que me sucedía, cómo me sentía y conocer cómo vivían la enfermedad otras personas fue realmente positivo. Saber que no eres la única que está pasando por algo tan complicado te resitúa, porque en el fondo somos todos más semejantes de lo que nos pensamos y las respuestas emocionales se asemejan mucho ante el mismo estímulo estresor. Esto hace que no te sientas tan rara, o tan sola, a pesar de tener una tropa de gente que te anima a estar bien pero que no tiene cáncer como tú. 

 

A: En una sola palabra, ¿qué te ha aportado vivir esta dura enfermedad?

A: CONSCIENCIA.

 

A: ¿Qué consejo le darías a otra persona en tu misma situación?

A: Nunca me ha gustado dar consejo porque no creo que haya una opción más válida que otra para pasar la enfermedad. Cada persona tiene necesidades diferentes. A mi me fue bien compartir, tomar parte activa de mi enfermedad y buscar situaciones que me generaran sentimientos positivos, desde probar mi creatividad con la pintura, realizar actividades con mi familia o disfrutar de momentos en la naturaleza. Pienso que es una buena oportunidad para reencontrarse a uno mismo, para gozar del autoconocimiento. 

 

Ana Jiménez
@aveya_ana
Superviviente de cáncer

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