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“Me levanto, miedo. Camino, miedo. Hablo, no puedo. Me ahogo, miedo. Lo oculto, miedo.”

Sentir miedo es normal

 

¿Parece obvio verdad? Pues es muy posible que en muchos momentos no lo sea para tí o para los que tienes alrededor.

Es una de las emociones más pegajosas y permanentes que te van a acompañar durante todo el proceso oncológico e incluso después. Pero no te apures, no es malo, aunque mucho te digan que está mal sentirlo o eres exagerado, no en cierto.

No te gustará cuando aparezca, será desagradable y querrás deshacerte de él. Quizás te enfades al verlo venir, lo querrás ocultar, pero no desaparecerá así.

 

Tu miedo no es el enemigo

 

¿Sabes por qué sentimos miedo, para qué sirve?

Es una de las emociones más primitivas, por no decir la que más.  Nos viene “de fábrica” y es tremendamente útil para la supervivencia, tiene un fuerte componente biológico.

Quizás se nos ha quedado algo desfasada, pero no es el enemigo. Es una alarma natural e interna que nos pone en alerta ante algo que nuestro cerebro codifica como potencialmente peligroso o dañino sea una amenaza real o imaginada.

Si, con imaginada me refiero a ese momento de dejar volar feamente la imaginación pensando en algo malo que nos podría suceder como una recaída, que los tratamientos no vayan bien, que algo se tuerza.

Su función es prepararnos para la supervivencia permitiéndonos dar una respuesta rápida y eficaz ante un riego o amenaza. Proviene de nuestro cerebro más primitivo, el encargado de los instintos más primarios y del sistema límbico, el que regular las emociones. Es una respuesta automática que nos permite protegernos, garantizando así nuestro bienestar al no asumir riesgos.

El miedo tiene una función positiva y es la de detenernos ante una situación de peligro y actuar con prudencia. Sin él nos atreveríamos a hacer cosas demasiado arriesgadas para nuestra vida que podrían ser muy dañinas.

Originalmente reaccionábamos ante peligros de “quita y pon” que desaparecían rápido, pero cuando hablamos del miedo durante un proceso de cáncer, la incertidumbre es tan bestia que esta alarma natural y sana se puede llegar a transformar en un miedo soterrado, intermitente, que nubla, que paraliza, pues la amenaza parece no desaparecer por mucho tiempo.

 

 Así es sentir miedo

 

Si estás metido en un proceso oncológico debes saber que el miedo será un acompañante habitual durante muchos momentos, tanto si eres el afectado o familiar.

El miedo está considerado una emoción básica de contracción. Es como si algo de fuera nos abrumara tanto que nos empequeñeciera, acobardara o bloqueara. Es angustiante, percibimos una amenaza y nos ponemos en tensión, en un estado de alerta junto con un malestar general.

Sentimos presión, un nudo, un bloqueo que puede traducirse en una sensación física o en pensamientos e ideas negativas que hacen crecer ese malestar.

 

Los momentos en los que más miedo aparece durante el cáncer

 

Sentimos miedo ante cualquier cosa que podamos identificar como dañina, que esté sucediendo en ese momento o que pensemos que podría suceder, para detectar el peligro y actuar con prudencia. Pueden y suelen ser muchos los momentos durante la enfermedad en la que esta alarma automática va a saltar.

Ahí es nada cuando se trata de un cáncer: que si revisiones, malas noticias, incertidumbre, falta de información, exceso de información, cambios de médicos, de planes, de hospitales, nuevas pruebas, nombres que querrías no conocer, tratamientos varios, secuelas, efectos secundarios, rupturas con la vida, interrupción de planes, problemas con algunas personas, la sonrisa pegada para que no se nos note el malestar…

Desde luego, no se me ocurre mejor momento en la vida que aquel en el que cambia tan de golpe para sentir miedo. ¿Acaso no te parece lógico que tu cerebro te pida que pares por un segundo antes de dar el siguiente paso?

No quiero asustarte, sólo que seas consciente de que te enfrentas a mucho más de lo que crees. Por eso, suele ser muy pero que MUY habitual tener en consulta a personas que ya han pasado la enfermedad, que han cumplido los tratamientos, porque es entonces  al frenar, que sienten miedo. Miedo al no tener un plan de tratamiento que les daba seguridad para enfrentar la enfermedad, miedo a recaer, a no ser los mismo, a no estar a la altura, a los cambios económicos y laborales que implica, a los nuevos roles familiares, de pareja… ¡Tela eh!

Por tanto, no es nada raro ni inadecuado que puedas sentir miedo o cualquier otra emoción desagradable como la tristeza o rabia cuando hayas finalizado los tratamientos. Pues empieza otra etapa de seguimientos y otros tratamiento menos pesados en cuanto a idas y venidas a hospitales pero igualmente impactantes para ti.

Los momentos de mayor miedo suelen darse a la hora de volver a una consulta, una revisión, al iniciar tratamientos o cuando tengas una prueba o examen que hacer. También cuando te den información o resultados, cuando haya un cambio en tu rutina de tratamiento (que no siempre significa que las cosas vayan mal, que conste), al pasar por algunas zonas del hospital como las consultas, donde te hayan podido dar una mala noticia o te hayas sentido mal física o emocionalmente con anterioridad.

Para tu familia y amigos será fácil de entender que tengas miedo antes del diagnóstico, cuando te lo den o al irte pautando los tratamientos. Miedo ante los cambios de todo tipo, en casa, en el trabajo, con uno mismo, con la pareja, los hijos. Serán muchos los planes que se verán interrumpidos pero podrás retomar la mayoría más adelante.

Sin embargo, para los tuyos que sientas miedo una vez pase esa fase activa de los tratamientos puede ser raro. Y aunque como te cuento no lo es para nada, pero para nada, a ellos les cuesta verlo, ya que al terminar los tratamientos más activos para ellos se acaba la enfermedad y se cierra ese capítulo, pero para tí puede no ser tan fácil.

Hay momentos en los que suele ser realmente duro tratar de ignorar esa alarma natural de protección que trata de evitar daño al ir por ejemplo a los tratamientos, pues ya sabemos a lo que nos sometemos. Se produce constantemente un choque cognitivo entre el malestar que sé que voy a experimentar vs. la naturaleza humana de evitar todo tipo de daño, pero aun así tengo que someterme a ello cuando algo dentro de mi me dice que me valla corriendo. Es como si tiraran de ti fuertemente por cada brazo en direcciones opuestas. Es algo difícil de manejar a lo que te enfrentas cada vez que pasas por el hospital.

Poner una sonrisa y hacer como si nada, es como darle la espalda a tu miedo. Y si puedes tener algo seguro, es que el miedo es como un niño pesado que demanda mucha atención, luego, en cuanto menos te lo esperes, volverá a querer “jugar” contigo. Si no le prestas atención, se enfada, crece y se hace presente de una forma aun más intensa.

 

El perfil del mayor miedoso del mundo

 

Te adelanto que te vas a llevar una decepción.

No existe un perfil.  A diferencia de otras situaciones emocionales desadaptativas como la depresión, no podemos hablar de ciertos rasgos que nos puedan predisponer más a tener miedo.

Lo que si he observado en mi experiencia clínica durante estos años, es que las personas ansiosas al tender a adelantar más los acontecimientos pueden reaccionar o estar un poquito más predispuestos a reaccionar con miedo. Pero no es nada determinante. Aquí si es verdad, que cada persona será un mundo.

 

3 trucos para domar al miedo

 

Trabajar los miedos con los niños es muy fácil. Una vez lo dicen en voz alta, ya empieza a perder poder. Pero con los adultos es otra cosa. Se genera un proceso interno mucho más potente. Suele hacer falta trabajarlo con mayor profundidad para domarlo de verdad. Aun así, te dejo 3 pasos para que empieces a afrontarlo poco a poco.

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1. Ponle cara

Dibújalo, ponle nombre. Defínelo con un color o con una forma si te cuesta. Te ayudará a darte cuenta de que tiene un límite. Desactivarás la parte más irracional de tu cerebro, desactiva el piloto automático etiquetándolo.

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2. Sácalo a la luz, que no tenga donde esconderse

Habla sobre él como si fuera ese mal jefe que te saca de quicio, no pares. Dícelo a alguien de confianza, a tu psicooncóloga, a tu familia. Déjate arropar.

3. Míralo de frente

Uno de los “vencemiendos” más potentes es estar bien informado, ni de más ni de menos. Así que pregunta mucho y todo lo que se te ocurra a todo el mundo, médicos, enfermeros, psicólogos, a todos. No hay pregunta tonta cuando hablamos de tu bienestar.

Parecen tonterías de psicóloga, ¿verdad? Pues no subestimes el poder de lo sencillo y hazlo. Te va a sorprender el resultado.

Con estos tres trucos podrás empezar a plantar cara a tus miedos, pero cuando te cueste algo más, ya sabes dónde me tienes, estaré encantada de poderte apoyar y conocer cómo te ha ido poner mis trucos en marcha.

 

Qué hacer cuando es algo más que miedo “normal y corriente”

 

Sentir miedo por lo que pasa o podría pasar es completamente normal y sano como te explicaba antes. Al frenar para actuar con más prudencia nos protegemos y no nos exponemos en exceso a ese daño.

Pero cuando este miedo nos lleva a enfadarnos, a vivir con ansiedad y/o tristeza, es momento de frenar para resolverlo, te está afectando más de lo que debería. Te estás quedando enganchado a esa emoción, por lo que pierde completamente su valor adaptativo. 

Cuando el miedo sea muy intenso o se prolongue demasiado en el tiempo es momento de consultar para resolverlo.

En este sentido lo mejor que puedo aconsejarte es que no esperes a que sea demasiado grande, pues entonces será mucho más doloroso ponerlo en su sitio, se resistirá y se pondrá un poco pesado de más.

¡Recuerda! que sea una emoción normal dadas las circunstancias no quiere decir que tengas que aguantarla estoicamente calladito sin quejarte o minimizándolo. ¡No! no me pongas la excusa de que es por ellos, para que no se preocupen, porque esto sólo hará que la comunicación con tu familia y amigos se entorpezca, que no te sientas libre para apoyarte en ellos y que te sientas cada vez más alejado, aun cuando los tienes a todos pegados al pie.

Si te cuesta manejarlo, no sabes bien como vaciar el miedo, no quiere enfrentarlo solo o simplemente necesitas apoyo del bueno, contacta conmigo, estaré encantada de ser tu escudera en esta batalla, siempre.

 

Ariadna González
Psicóloga sanitaria y Psicooncóloga.

¡Coge las riendas!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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