CERRADO POR VACACIONES. Vuelvo el 10 de Octubre en el horario habitual (L-V 9 a 20) hola@ariadnagonzalezpsicologa.com

¿Cómo comunicarnos?

¿Qué ocurre con los hijos menores de los pacientes oncológicos?  Desde que se asume que el cáncer afecta no sólo al paciente sino a la familia en completo, los servicios de psicooncología han cuidado también de los familiares.  Sin embargo, la mayoría de los estudios demuestran que el “cáncer y la familia” se suele centrar en las parejas de los pacientes y el impacto de la enfermedad en la relación.
El informar a un niño o adolescente de que una persona querida tiene cáncer (un padre o una madre, un abuelo o abuela, un hermano o hermana…) es muy complejo y hay cierta tendencia a la no información siempre surgida del instinto de sobreprotección y amor hacia el niñ@.  Pero en varios estudios se ha comprobado que los hijos con padres gravemente enfermos tienen incrementados el riesgo de tener problemas de salud mental, y muchos estudios se han centrado en las reacciones psicológicas hacia el cáncer paterno/materno.
Por ello resumo la esencia de la intervención que creo que se tiene que realizar en la siguiente frase: “SÍ, los niños tienen derecho y necesidad de conocer lo que está pasando a su alrededor”

Algunas pautas a tener en cuenta

Estas pautas son generales y tienen que adaptarse a cada situación y niño en particular, sobre todo teniendo en cuenta la edad, el desarrollo y las experiencias previas con enfermedades.
¿CUÁNDO INFORMAR?

o  Cuánto antes comencemos, mejor.  Los niños captan los pequeños cambios.
o  La comunicación es un proceso, no un acto.
o  Mantendremos el canal de comunicación abierto a diario.

¿CÓMO INFORMAR?

o  Preguntaremos a los niños si quieren saber algo.  Responderemos a las preguntas que nos puedan hacer.
o  Contestaremos honestamente, lo que sepamos.  Si no tenemos respuesta se puede decir “no lo sé”.
o  Buscaremos ayuda profesional cuando la necesitemos.

¿QUÉ DECIR?

o  Dosificaremos la información.
o  Podemos no decir toda la verdad en una situación, o no decir nada.  Pero no se tiene que mentir a los niños.
o  Utilizaremos palabras sencillas, claras y breves.
o  No hace falta decir “cáncer”, pero sí “enfermedad”.
o  Importante situar físicamente la enfermedad.

¿QUÉ HACER?

o  Continuar con los “cuidados básicos”.  (Uno mismo o un suplente).  Mantener las rutinas.
o  Tolerar los diversos estados emocionales.  Acogeremos y consolaremos sus emociones.   Legitimizar sus emociones: también es sano llorar juntos.
o  Informar a la escuela.
o  Facilitaremos el contacto físico entre el paciente y el niño.  Fomentaremos las visitas hospitalarias y a centros residenciales.
o  Poner límites en las modificaciones de comportamiento del niño.  Pueden estar más irritables, más tristes, rebeldes o desinteresados.  Es necesario hablar con ellos, descubrir qué sienten y compartirlo.

Consideraciones según la edad del niño o niña

Tal y como os decía, existen algunas diferencias significativas que encontramos en los niños y niñas según su edad:
EDAD PRE-ESCOLAR (2 a 5 años)
Aunque parezca algo contradictorio, a más pequeño más “fácil” ya que son más ingenuos y tienen menos experiencias previas.  Seguramente no van a entender completamente la “gravedad” de la situación, pero sí que se van a dar cuenta de que algo está pasando y que su entorno está cambiando.
Por ello es muy importante:

–    Continuar con los “cuidados básicos” del niñ@: el objetivo principal es mantener las rutinas que ya se tenían establecidas.
–    Lo que habitualmente sucede son trastornos de los hábitos de vida básicos, como el sueño, el hambre y el juego. Pueden haber “conductas regresivas” (volver a presentar algún comportamiento ya superado) como mecanismo de protección.

ESCOLARES (6 a 11 años)

–        En esta etapa del desarrollo resalta la gran fantasía y el pensamiento mágico, por lo que los cambios en el entorno, normalmente acompañados de tristeza, pueden malinterpretarlos e incluso pueden sentirse culpables si no tienen una explicación concreta.
–        Por otro lado son muy curiosos, por lo que pueden estar interesados en conocer funciones corporales y eso nos ayuda a que puedan entender explicaciones concretas sobre lo que está pasando.  Siempre tenemos que centrarnos en lo que ocurre en órganos concretos y qué significa eso.  Si han tenido una enfermedad grave tienen “ventaja” para entender todo lo relacionado con la salud.
–        Suelen expresarse a través de explosión de emociones (rabietas, llantos, rebeldía…)  más que estar tristes como los adultos lo entendemos.  Tenemos que estar alerta con las somatizaciones: a veces se encuentran relacionadas con lugares de la enfermedad del afectado.
–        Habitualmente lo primero que veremos afectado es la disminución del rendimiento escolar.
–        El consejo es hacerlos partícipes desde un inicio, previniendo los cambios que vendrán y explicando los motivos.

ADOLESCENTES (a partir 11-12 años…)
Etapa compleja donde las haya, sin necesidad de incorporar problemas, como es el caso.  L@s adolescentes tienen la necesidad de ser iguales al grupo, y un padre o madre enfermo les hace diferentes.
A resaltar:

–        Es posible que sientan vergüenza social ya que quieren mantener y no perder su rol habitual.  La expresión de la enfermedad expuesta al resto pueden que, inicialmente, creen  rechazo (que la madre vaya al colegio a recogerlo con pañuelo por la alopecia, etc.).  En este caso la madre tiene que actuar con normalidad y el niño superará esta vergüenza cuando vea que es algo habitual.
–    Pueden ocupar el rol de cuidador principal, asumiendo responsabilidades que no les pertocan por edad.
–    Presentan indiferencia afectiva: realizan minimización emocional, presentando conductas evitativas para no enfrentarse a lo que sienten ya que tienen vergüenza de sentir y expresar emociones.  Dentro de estas conductas pueden enfadarse mucho y ser muy “duros” e “hirientes”.
–    Aumentan las conductas de riesgo.

Por todo ello, la comunicación, que ya es compleja  con cualquier adolescente, se complica aún más.

Es necesario contactar con el tutor/a de la escuela y activar los puntos de soporte que existan (algún amigo, tutor o profesor con el que tenga más confianza, familiar cercano…).  Es necesario explicar el proceso y lo que está ocurriendo aunque no pregunten.

Daniel Toro.
Psicólogo y enfermero.

¡Coge las riendas!

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