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Continuando con el anterior artículo sobre los hijos de padres enfermos y “¿cómo comunicarlo?” entramos en otro aspecto que, desde que he trabajado en oncología, me ha preocupado especialmente.  Y es el hecho de las visitas de niños y adolescentes a sus familiares hospitalizados.
El acceso a los hospitales por parte de los niños es complicado por varios motivos: las autoridades o políticas sanitarias lo restringen (en muchos hospitales no se aceptan visitas de niños menores de 7 años); los padres y madres también prohíben estas visitas con intención de protegerlos (mediante un “acto de amor” como diría la psico-oncóloga Sonia Fuentes) e incluso los profesionales sanitarios, muchas veces guiados por nuestras creencias personales, podemos poner trabas a estas visitas.
Mi opinión personal va en contra de estas restricciones: si apostamos por integrar a los más pequeños en el proceso de salud/enfermedad que tiene un familiar debemos permitir que estos los visiten también en los periodos de hospitalización.  Como redactaré a continuación estas visitas tienen que tener unas consideraciones especiales y hacerlas siempre y cuando no pongan en riesgo la salud de los niños y/o enfermos; como haríamos con las visitas de los adultos (procesos infecciosos, aislamientos, etc.). 
Permitir que los niños acompañen a su familiar al médico o al hospital no es negativo ni contraproducente.  Posiblemente, la visita genere al niño nuevas preguntas y nuevas inquietudes al respecto, que fomentará la comunicación en ellos.  El contacto entre las personas siempre es enriquecedor, y más en un momento de tanta vulnerabilidad como puede ser una situación de enfermedad.
He vivido situaciones en las que un padre/madre no ha visto a sus hijos durante semanas por no exponerlos a verlos en esa situación; con todo el dolor que eso comporta a ambas partes y con la dureza de la incertidumbre de lo que está pasando y del reencuentro después de ese periodo, normalmente con cambios físicos y funcionales importantes.
También he vivido el cambio en la Salud de un paciente ingresado, para mejor, después de que sus hijos hayan pasado una hora con ellos ese fin de semana.
Por ello os relato a continuación algunas recomendaciones para fomentar las visitas de los niños y adolescentes a los familiares y personas queridas hospitalizados.

Recomendaciones a tener en cuenta en la visita

 
1. Tenemos que informar al profesional pertinente de la intención de que los niños visitarán al paciente.  Aún cuando las normas del centro sean restrictivas en este aspecto es posible conseguir autorización específica para la visita de niños y adolescentes.
2. Antes de realizar la visita es bueno familiarizar al niño pequeño mediante algún cuento o dibujos que traten una situación similar.
3. Se tiene que organizar el tiempo de la visita.  Se recomiendan visitas cortas que no cansen al paciente y no aburran a los niños.
4. Explicar al niño la importancia de respetar el silencio en el hospital, para conseguir el mejor descanso de los enfermos.
5. Llevar alternativas de juego para el niños (cuento, colores, juegos de mano…)
6. Si es posible, utilizar espacios específicos dedicados a los más pequeños que algunos hospitales tienen, o las salas de espera, que son más espaciosas e iluminadas que las habitaciones de los pacientes.
7. Dar un poco de protagonismo al niño haciéndolo participe de la conversación.  Podemos intentar hacer lo más participativa posible su visita:

           7.1. Llevar un dibujo o pequeño regalo hecho por el niño.
           7.2. Presentarle algún miembro del equipo que atiende a su familiar.
          7.3. Favorecer el contacto con el material hospitalario (jeringas, sillas de ruedas,                       jeringas, etc.)

8. Permitir al pequeño que se acerque a la persona enferma (tacto, besos, abrazo, caricias, etc.)
 

9. Reforzar al niño o adolescente, al final de la visita, sobre su participación.

El hecho de permitir que los niños y adolescentes visiten a sus familiares durante el periodo de hospitalización contribuye a una mejor comunicación entre los miembros de la familia, así como un mejor afrontamiento de la situación.
De nuevo mi opinión, aún a riesgo de hacerme repetitivo, se resume en la siguiente frase:
“Sí, los niños tienen derecho y necesidad de conocer lo que  está pasando a su alrededor”
Psicólogo y Efermero.

¡Recupera la sonrisa!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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