CERRADO POR VACACIONES. Vuelvo el 10 de Octubre en el horario habitual (L-V 9 a 20) hola@ariadnagonzalezpsicologa.com

“De verdad que querer quiero acostarme con mi pareja, pero es que mi cuerpo no reacciona.Ya no se me mueve nada por dentro. Me siento mal.”.

Hay varias enfermedades o dolencias “habituales” en la población que repercuten en la vida sexual de la persona afectada. Desde la diabetes hasta la hipertensión. Pasando por enfermedades con secuelas físicas que tienen un impacto en la sexualidad, como puede ser el cáncer.

Estos efectos sobre la sexualidad, entre otros factores, pueden deberse a la enfermedad misma o a los tratamientos. En este artículo nos centraremos en uno de los grupos de factores más determinante del proceso oncológico: los factores médicos.
  • CIRUGÍA: Casi todos los pacientes oncológicos deben someterse en mayor a menor medida a ella para erradicar su tumor inicialmente. Durante el período previo a la intervención, es muy probable que el paciente experimente una gran disminución de la lívido debido a la ansiedad y el miedo que conlleva una operación (anestesia general, ingresos…). A lo que hay que añadir que ésta cirugía se relaciona con un sentimiento de amenaza vital, que además tendrá efectos no sólo estéticos, sino funcionales. En estos momentos, aparece sentimientos de anhedonia: se pierde la necesidad de realizar actividades placenteras, entre ellas practicar sexo. Prima el instinto de supervivencia frente al de reproducción, por ejemplo. El periodo postquirúrgico varía en función del área corporal comprometida y posteriores tratamientos.

 

  • QUIMIOTERAPIA: Es uno de los tratamientos más temidos. Lo cual es comprensible, pues aun hoy es una fase larga que puede tener consecuencias desagradables en la vida de la persona afectada no sólo a nivel físico, sino psíquico. Los pacientes que inician la quimioterapia suelen estar mayoritariamente en un período postquirúrgico. Por ello, aun están en una fase en la que se prioriza la curación frente otros aspectos, como puede ser la vida sexual. Frente a la amenaza que supone el cáncer, estos otros aspectos parecen banales y pierden prioridad.  Precisamente se ha identificado la quimio como un potente inhibidor de la función sexual y es durante este tratamiento cuando se detectan la mayor parte de alteraciones. Frecuentemente se produce una interrupción de la vida sexual durante esta etapa. En términos generales se puede experimentar náuseas, vómitos, fatiga, alopecia, alteraciones del sistema inmune, etc. Lo cual repercute en la funcionalidad, pero también en la estética. Afectan mucho a la persona que las está padeciendo. Añadiendo un motivo más a la reducción o desaparición del impulso sexual. Los últimos estudios demuestran que la quimioterapia además, altera los ciclos hormonales de la persona afectada. Lo que lo convierte en un motivo fisiológico de las alteraciones mencionadas.
  • RADIOTERAPIA: al ser un tratamiento diario, impide la adaptación o el olvido deseado por muchos pacientes. Ya que corta muchos plantes sociales, laborales y personales, entre los que se incluye la vida sexual. La radioterapia no es un tratamiento inocuo, pero sí que sus secuelas suelen ser reversibles. Es frecuente que los pacientes  que lo han pasado experimenten fatiga tras el tratamiento. Hay que tener en cuenta también la zona en la que la radioterapia ha sido aplicada. Si es una zona implicada en la sexualidad o próxima a ella, las repercusiones aunque temporales, son inevitables. Habiendo consecuencias directas cuando se radia sobre la zona en sí o nervios asociados, y consecuencias indirectas cuando afectan  zonas como por ejemplo las mamas. La incomodidad impedirá que esa persona se sienta inclinada a mantener relaciones sexuales y más tratándose de una zona erógena, por ejemplo.
  •  HORMONOTERAPIA: es uno de los tratamientos que más influyente a nivel sexual. Se da sobre todo en personas afectadas de cáncer de mama que consumen Tamoxifeno (u otros fármacos afines). Sus consecuencias son parecidas a las de la menopausia, disminuyendo el impulso sexual, aumentando la sequedad vaginal, dolor durante el coito (dispareunia), etc. Por lo que es un potente inhibidor de la actividad sexual. Otros efectos de esta terapia, aunque no generan por sí mismo alteraciones en la sexualidad, de forma colateral sí que lo hacen. Es frecuente que la hormonoterapia aumente las ganas de comer compulsivamente (sin parar), el cúmulo de grasa en glúteos y abdomen y aumento de peso, que actúa negativamente sobre la autoimagen. Un factor clave para el desarrollo de actividad sexual. A lo que se suma la influencia a nivel del estado de ánimo. Haciendo que éste varíe con más facilidad (labilidad emociona), aumente la irritabilidad, ansiedad e incluso estados de ánimo depresivos.

    Hablamos de tratamiento que se prolongan como mínimo 5 años, con las implicaciones que supone durante tanto tiempo que a veces se prolonga hasta 10 años.  Los último estudios demuestran que la combinación de quimioterapia y hormonoterapia (actualmente muy frecuente por protocolo, por ejemplo en el cáncer de mama) son un factor potente que induce a la disfunción sexual, con mucha más probabilidad que si se aplicaran cada uno de estos tratamientos aisladamente.

  • PSICOFÁRMACOS: son potencialmente inhibidores de la respuesta sexual. Con cierta frecuencia los problemas afectivos e insomnio que acompañan al proceso oncológico hace que se receten psicofármacos (ansiolíticos y antidepresivos, principalmente) como complemento a la terapia oncológica. A saber, que todos los psicofármacos merman la respuesta sexual.

 

Recuerda: una pareja es cosa de dos. No sólo podría verse alterada la sexualidad de la persona que pasa el proceso oncológico. Este impacto también puede provenir de su pareja. Quien también puede manifestar problemas asociados a la sexualidad por sí mismo. No existen responsables.  La comunicación será un factor clave para mejorar y fomentar la comprensión.

¡Coge las riendas!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

Tengo las soluciones que buscas
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