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Artículo publicado en el Periódico El día el 29 de Octubre de 2016

“Me desperté y ya no estaba. Notaba una presión rara en el pecho que no había sentido nunca. Me dolía al moverme, al pensar, al respirar, al mirar, al vivir. Pero claro, estaba viva y eso era ¿suficiente? Suficiente para los demás, no para mí. Ya no estaba, ya no era yo, ya no me sentía completa”

Cada año más de 25.000 personas reciben un diagnóstico de cáncer de mama en nuestro país. Una enfermedad devastadora que arrasa con la vida de quienes lo padecen, revolviéndola y dándole la vuelta.
Se tarta de una enfermedad que deja profundas secuelas emocionales que muchas veces los mismos pacientes esconden “para no preocupar” a los demás. Olvidándose que sus hijos, sus parejas, sus amigos, sus padres, tienen miedo a lo mismo que ellas: al dolor y sufrimiento, más incluso que a la propia muerte en muchos casos.
El pasado miércoles, día 19, conmemoramos el Día Mundial contra el Cáncer de mama, un día que lamentablemente olvida recordar a la sociedad, que aunque efectivamente los índices de recuperación y supervivencia son muy altos, no es un proceso fácil de asumir. Dejará secuelas físicas y psicológicas que podrían  hacerte necesitar apoyo profesional para superarlas con éxito y poder así integrar esta nueva etapa en tu vida.
Tus familiares y amigo creerán que cuando termines los tratamientos, el cáncer por fin, se habrá terminado. Aunque es muy posible que tu no lo sientas así en algunos momentos. El cáncer ha llegado, lo has tratado y le has ganado. Ahora toca “pasar las itvs” para asegurarnos de que todo sigue bien. Pero aun sientes dolor, aun sientes las secuelas en tu cuerpo, en tu alma.

No es raro sentido dolor

El dolor, es una de las secuelas de las que menos oirás hablar, por eso, hoy quiero contarte algunas cositas sobre él que es conveniente que conozcas.
“Empecé a sentir dolor casi desde el primer momento. Pero un dolor que se irradiaba. Un dolor  intermitente, que me agotaba, que me quitaba las ganas de hacer nada, que lo interrumpía todo, que me recordaba constantemente que había estado al filo, que mi vida ya no era la misma, que yo no era la misma. Dolor que nunca cesa, que no me deja pensar en otra cosa, que me hace volver a tener miedo, que todo lo frena, que todo lo atrapa”
Aprenderás y mucho, de lo que ahora puedes considerar tu gran enemigo, pasarás por una fase de impacto, negación, tristeza, rabia… Etapas y cambios emocionales necesarios, que te ayudarán a adaptarte durante tu proceso. Pero hoy te hablo de otra realidad, y es que el cáncer suele venir acompañado de dolor. Se trata de un síntoma o secuela especialmente frecuente en las personas que padecen un cáncer de mama. Un tumor que afecta tanto a hombres como a mujeres.
Hoy sabemos que entre el 10-60% de los pacientes con cáncer, experimentan síntomas de dolor después de los tratamientos, un dolor que afectará al funcionamiento y a la adaptación de la vida cotidiana en el día a día. Se trata de una consecuencia colateral del la propia enfermedad o de los tratamientos recibidos.
A pesar de lo que te cuento, dolor y cáncer no son sinónimos. Se calcula que un tercio de las personas afectadas no padecerán dolor. Lo más habitual es que disminuya durante el tiempo que sigue a la finalización de los tratamientos. No te lo calles.

Cada uno vive el dolor de una forma diferente

Las investigaciones más recientes señalan que los jóvenes afectado de cáncer, las personas que se sienten socialmente menos apoyadas, quienes han recibido tratamiento combinados, así como las mujeres de bajo status social con síntomas de ansiedad y depresión clínicamente significativos, son quienes tienen una percepción de dolor más alta.
Si te reconoces en alguno de estos factores o incluso en todos, no significa que necesariamente vallas a experimentar dolor.
Cuando una persona vive el dolor intensamente, se asocia a una peor salud general y unas percepciones más negativas acerca del funcionamiento físico y social, con una mayor presencia de depresión, fatiga, peor calidad de vida, deseo de muerte, alteraciones sexuales y muy estrechamente con problemas de sueño. Afectando directamente al bienestar psicológico.
Existen tratamientos eficaces, no te lo calles.

Tus emociones afectan a tu percepción de dolor

¿Alguna vez te has dado un golpe tan fuerte que te has quedado algo tristón luego? No sólo sientes la zona molesta, si no que además, tu estado de ánimo cambia. Pues bien, esto pasa en todos los procesos de dolor, incluso en el oncológico.
Ya la Dc. Cicely Saunders en 1967, hablaba de “Dolor total” al referirse a la influencia que el estado psicológico tiene sobre la percepción del dolor físico.
Cuando sentimos dolor, nuestro estado de ánimo baja. Nos sentimos más abatidos, más tristes, desanimados. Y esto, hace que nuestra percepción de dolor, a su vez aumente. Es completamente normal.
Si pudiéramos medir el dolor de forma objetiva, éste sería exactamente el mismo, sin embargo, cuando estamos deprimidos o ansiosos nos centramos mucho más en él. Lo que genera un efecto de “lupa”, haciendo que lo sintamos más intenso de lo que verdaderamente es.
A raíz de esto, hablamos de que el dolor tiene dos componentes: uno físico y otro emocional. Ambos deben ser tratados para aliviarlo e incluso hacerlo desaparecer. Olvidar por ejemplo el factor emocional en el manejo del dolor dificultará bastante su buena gestión, con todos los efectos negativos que implica y que te describía más arriba. Deshazte de ellos trabajando también tu estado psicológico y afrontamiento a la enfermedad con una Psicooncóloga.

El dolor sí desaparece

Apoyarte en la Psicooncología y Farmacología, serán tus dos grandes bazas para gestionarlo de tal manera que no interrumpa tu vida.
Has iniciado un proceso duro, que ahora te puede parecer largo. Lleno de novedades. Pero pasará, te harás más fuerte, sabrás gestionarlo y hacer que tu vida sea más plena, más feliz. Ahora te puede parecer imposible, pero esto, también llegará.
Ponte manos a la obra. Haz una pequeña rutina diaria de ejercicio adaptado a tus necesidades, disfruta de disciplinas como el yoga, aprende a meditar, a respirar profundo, a  ver la vida en toda su grandeza al relentizar el ritmo.
Permítete sentir dolor, no lo rechaces, vívelo para que se acabe. Apóyate en los que te quieren. Serán una red de amortiguación magnífica que te harán pasar los días de otro modo.
Coge las riendas de tu vida. Tú no eres tú cáncer, tú eres fuerte.
Cambia todo aquello que siempre has querido cambiar y hazlo poco a poco. Regálate tiempo suficiente para ti cada día. Retoma ese hobby que dejaste pendiente por trabajo, por los niños, por el cansancio.
Ve al Psicooncólogo.  El enfoque que tengas será fundamental para vivir este proceso con el menos sufrimiento posible. Aprende a gestionar tus emociones, a vaciar al tristeza, a usar toda la energía que genera al ansiedad para algo bueno, a comunicarte, a gestionar el dolor, a vivir de nuevo.

 

Habrá un momento en el que el miedo no será nunca más el dueño de tu vida. Y será cuando aprenderás a quererte de verdad como nunca antes lo habías hecho.
Psicóloga Sanitaria y Psicooncóloga
Miembro de la Sociedad Española de Psicooncología, SEPO
Editora de este blog
 

¡Recupera la sonrisa!

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