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Cuando me diagnosticaron mi hija tenia 2 años.

Lo primero en lo que pensé fue, ¿qué será de mi hija, puede ella también enfermar? ¿Cómo le va afectar mi enfermedad a ella pscológicamente, cómo se lo explico? ¿Qué se le dice a una niña tan pequeña? Eran un montón de preguntas las que me asaltaban la cabeza.
Les conté lo que pasaba a la guardería y me aconsejaron que le diera la información según lo que ella preguntara, intentar contarle más era sobredosis  para esa cabecita tan pequeña.
Como fui contando en el blog he pasado fases de todo, miedo de decirle las cosas, echarla mucho de menos cuando me operaban, culpable por no poder cuidarla, triste cuando quería jugar y no podía ni moverme.
La verdad es que he aprendido mucho de ella y mi relación madre-hija ha cambiado.  Ahora disfruto de todos los momentos a su lado. He aprendido que lo importante no es pasar mucho tiempo mientras vas recogiendo la ropa o haciendo la cena. O en mi caso los días que estaba solo medio bien y ella estaba cansada, yo más y no teníamos paciencia la una con la otra. Este fue uno de mis errores, además era la pescadilla que ser muerde la cola porque yo quería pasar tiempo con ella, pero no tenía fuerzas suficientes, así que ella se enfadaba y yo me sentía culpable porque se portara mal.
Más de una vez me sentía fatal por no poder atenderla (como yo quería) y pensaba que si hubiera estado sola (me refiero sin marido e hija), todo habría sido mas fácil, ya que lo que más me ha hecho llorar sin duda ha sido mi chiquitina. Por otro lado cuando lo pienso fríamente se que ella era la razón por la que me esforzaba e intentaba sacar fuerzas cuando no las tenía, y si no la hubiera tenido estaría muy triste por no ser madre hasta dentro de 5 años.
Deje de sentirme culpable, cuando en lugar de empeñarme en pasar mucho tiempo a su lado, dejaba que la cuidaran y el rato que pasaba con ella aunque fuera poco yo estaba realmente bien.
El pelo fue una de las cosas a las que le dí muchas vueltas, pero que luego mi hija lo vivió con tanta naturalidad que dejo de importarme en cuanto ella me vio. Llevaba el pelo largo y me corté media melena con flequillo para buscar una peluca mas corta y manejable y después cuando se empezó a caer me lo rapé. Bueno, pues para mi hija pase de ser Pocahontas, a Dora la exploradora y después Caillou. Y ahora que me ha salido súper rizado y por la mañana lo tengo “afro”, le encanta revolverlo y cantarme la canción de “afro circus” de la película Madagascar 3.
Mis planes antes del cáncer era tener mas hijos, hasta 3 me atrevía, me encantan las familias numerosas y yo quiero tanto a mi hermano que para mi era importante que no fuera hija única. Pero esta lección de vida que es el pasar por un cáncer con 32 años te hace ver que las cosas que pasan no se eligen y no se pueden evitar, solo puedes elegir como vivirlas y si vas a dejar que tus problemas sean los protagonistas o eliges ser TU la actriz principal.
Mi experiencia es que lo mejor es contarlo con naturalidad, no esconderte y dejar que toque tu cabeza calvita o tus cicatrices de las operaciones, ellos lo viven sin gravedad y a ti te dan otra visión sin drama de una situación dura. Mi consejo es dejar que ellos contagien con su inocencia nuestra forma de afrontar problemas.
Nieves
Enfermera y afectada de cáncer de mama

¡Recupera la sonrisa!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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