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 “Cuando oí de la boca de mi oncóloga la palabra “quimioterapia” no pude evitar pensar que sufriría mucho, se me calló el mundo de nuevo a los pies”.
Enfrentarse a un cáncer es un duro proceso lleno de altibajos. Uno de ellos, es el momento en el que tu oncólogo comienza a explicarte el plan de tratamiento. Aparecen palabras “raras” hasta entonces. Radioterapia, homonodependencia, efectos secundarios, alopecia y otras.
El “itinerario” de tratamientos más habitual suele constar de una cirugía, quimio, radio, hormonoterapia e incluso inmunoterapia.
Pues bien, la cirigía consiste en retirar del cuerpo el tumor; la quimio y radio eliminan las células cancerígenas;  y la hornomonoterapia y la imunoterapia, son útiles para ayudar a que no vuelvan a proliferar células tumorales. A lo que se sumarán las revisiones y controles pertinentes.

Enfrentar este momento suele generar reacciones intensas de ansiedad, miedo y tristeza, que serán normales, pues enfrentar esta incertidumbre es complicado. Es por ello, que hoy quiero hablarte claramente de “el para qué de los tratamientos oncológicos” más frecuentes, para qué sirven y por tanto, por qué se aplican:

Imagina que tenemos delante nuestro un pequeño huerto vallado donde crecen diferentes tipos de plantas y nos vamos a pasear por él. De repente, te das cuenta de que están saliendo unas hojitas extrañas en una de las esquinas del huerto. Nos acercamos, parecen unas cebollas que no has plantado (cáncer). Entonces decidimos sacarlas para que no sigan creciendo. Y lo hacemos arrancando las hojas y la planta haciendo un pequeños hoyo alrededor para poderlas sacar mejor y con más seguridad. Ésto equivaldría a la CIRUGÍA. Por ejemplo, en el caso de una persona afectada de cáncer de mama, la cirugía supondrá la retirada parcial o completa del tejido mamario para eleminar las células tumorales. Sería retirar ese trocito de tierra donde la planta está creciendo y un poco de lo del alrededor por seguridad.

Después nos planteamos, que será mejor aplicar algún tipo de pesticida sobre toda la tierra del huerto para eliminar posibles raíces, que hayan podido quedar en la tierra o hayan empezado a aparecer en otra zona. Y añadimos pesticidas al sistema de riego de todo el huerto. Es decir, aplcaríamos QUIMIOTERAPIA. La quimio por tanto será como un pesticida que irá por la sangre bañando todo el cuerpo y limpiándolo de células tumorales.

Y nos planteamos que en la zona donde encontramos la planta sería conveniente hacer algo más. Pasarle con “fuego” por encima, para asegurarnos de que queda perfecto. Es decir, RADIOTERAPIA. Aunque puede parecer el tratamiento menos invasivo, éste puede generar quemaduras y yagas que deben ser tratadas para que la piel pueda regenerarse bien. Se aplica en la zona afectada.

Finalmente nos damos cuenta que existe un desnivel del huertito que hace que caiga más agua de la debida en la zona donde nacía la planta que hemos quitado (agua = homonas). Así que, para que no reciban más abono del que debe, y por tanto evitar su crecimiento, decidimos recolocar todo el sistema de riego y ponemos a nivel el terreno. De esta manera, el agua se distribuye mucho mejor y no quedan zonas donde se empoce el agua. Ésto se correspondería con la HORMONOTERAPIA. Tratamiento encargado de regularnos hornomalmente, casi siempre bajando niveles hornomales relacionados con la aparición del cáncer, que sería como ese agua extra que recibe la plantita famosa. Siguiendo con el ejemplo del cáncer de mama, sabemos que sobre el 80% de los diagnósticos de esta enfermedad están relacionados con una sobreexposición a los estrógenos (hormona sexual femenina). Su reducción supone reducir así, la probabilidad de aparición de la planta y por tanto de células tumorales en el futuro.

Luego, los tratamientos son herramientas que “limpian” la zona afectada  y reducen lo máximo posible la reaparición de la enfermdad para cada paciente.

Psicooncologa.
*NOTA: Esta metáfora debe ser tomado exclusivamente como un medio para comprender mejor el fucionamiento general de los tratamiento oncológicos, que como sabes, son mucho más complejos que esto. Debe ser entendida como algo complementario a la información que tu oncólogo podrá facilitarte. Pregúntale siempre que lo necesites.

¡Coge las riendas!

Siéntete bien, afróntalo con optimismo y vive sin miedo

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